Fue la parte final de su sentida alocución, honda, que ha calado y mucho en el sevillismo. Llamó «santuario, templo» al Sánchez Pizjuán, donde se respira «algo especial» y cada jugador siente «que se debe a todos los sevillistas, porque lleva el escudo en el corazón» y sabe «que la exigencia es máxima, pero que si lo da todo la afición va a estar con él».
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