Cuando el equipo jugó juntito, concediendo poca distancia entre las líneas, el Sevilla tuvo un control más real, por mucho que el Krasnodar enviara dos balones al larguero. De hecho, dominaba en el marcador. Paradójicamente, una buena noticia se convirtió en perniciosa para los intereses de los blancos: el Krasnodar fue perdiendo ímpetu en la presión, vigor en los balones divididos, la zaga se fue quedando atrás y el Sevilla, casi sin quererlo, empezó a tocar y tocar en el mediocampo rival. Parecía buena noticia la pérdida de gas de los rusos. Pero con ese control –esta vez más ficticio– de los sevillistas, éstos se quedaron demasiado expuestos en el campo. La distancia entre la zaga y la delantera se fue dilatando y ahí quedaron desnudos Roque Mesa y Banega. Franco Vázquez acudió en auxilio, pero lo que hizo fue una zancadilla involuntaria que acabó en el gol del triunfo local.
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