Pablo Machín parece desde fuera, y también por gestos internos y por su discurso sencillo y sin dobleces, uno de esos hombres que cree más en el trabajo que en la lotería. Y con esa idea del sacrificio, y la del respeto al rival, por bandera acude su Sevilla a Butarque, en busca del segundo premio de la Liga: terminar el año como perseguidor inmediato del Barcelona suena bien. No lo tendrá sencillo el Sevilla, entre otras cosas porque el fondo de una plantilla corta se pondrá de nuevo a prueba. Hasta cinco bajas, algunas de bastante peso, acumula el equipo de Machín: los sancionados Banega y Sarabia, sobre todo, también Kjaer y los algo menos sustanciales Aleix Vidal y Gonalons.
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